“Copia mucho pero copia bien” y otras formas de hacer canciones

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Gatoperro es el alter ego de David Llosa (Valladolid, 1979). Puede que por haber elegido ese nombre parezca que Gatoperro tiene conflicto de personalidad, pero basta escucharle 10 segundos para entender que si algo tiene claro este compositor es quién es. Y a quien no le guste, que se beba otra. Pertenece a esa generación de artistas españoles que no le pide nada a la industria, por lo que se nota que la industria no les ha pedido nada tampoco.

Gatoperro hace rock n’ roll, con todas sus consecuencias. Ha grabado tres discos hasta ahora, y está cociendo el siguiente. El último se llama “Juglar”, una grabación en directo de la banda en el mítico bar madrileño El Juglar.

Pregunta: Siempre empezamos preguntando sobre rutinas de estudio, pero algo me dice que Gatoperro no tiene rutinas de estudio ni de ná…

Respuesta: Mi rutina es el estudio, voy y después ya veremos qué pasa. Puedo pasar infinitas horas grabando o solamente escuchando o en silencio, pensando la estrategia, rasgando la guitarra, imaginando el camino, hasta que llega el momento en que encuentro la determinación para enchufar todos esos cables, colocar los micros y darle a ese cruel botón de la verdad llamado REC. Cuando haces este tipo de trabajo nunca sabes si estás avanzando o perdiendo el tiempo, no hay mapa, consiste más en equivocarse que en acertar.
Toda esta rutina se refiere obviamente a mis domésticos estudios de grabación (Banzai, Sugarland,…) en los que por lo general trabajo en solitario el corpus provisional y sonoro de las canciones. Después normalmente pasamos a una última fase en un estudio profesional, con músicos y técnicos más talentosos e instruidos que yo en su parcela, en los que fabricamos un traje a medida para cada una de las canciones, pensando siempre en el conjunto, en esa foto común, esa orla que son los discos long play.
Sí que me gusta trasladar de un sitio a otro algunos talismanes y fetiches, últimamente un tigre de plástico, un teléfono calavera para hablar con los músicos que se fueron, mi petaca, mi telecaster, una caracola…

P: Eres rockero, nada más y nada menos. ¿Qué crees que debe hacer alguien para que la guitarra y la voz le suenen a rock?

R: Siento disentir pero yo no me considero un “roquero”, no creo que sea una condición vitalicia. Si hay rock creo que es una cuestión de actitud, una forma de encarar el día a día. Ni siquiera hace falta tocar o cantar para tener rock. Hay cajeras y amas de casa con mucho rock, perros con mucho rock. Creo que es algo que tiene que ver con el hedonismo y a la vez con el pensamiento crítico y contestatario, con la rebeldía y la lealtad a unas ideas, pero ojo, no unas ideas concretas, un cliché, si no que es algo personal, algo que al fin tiene mucho que ver con la libertad. Desde luego no es nada que tenga que ver con la escala de blues, una voz rota y una chupa de cuero. Entonces o lo tienes o no lo tienes.

P: ¿Cuál es tu formación musical? ¿Has dado clases alguna vez de canto o guitarra?

R: En mi época lo que hacíamos era tocar encima de los discos y aprender de los demás, unos de otros, de los amigos, de los conciertos que veíamos, nos pasábamos cintas de casete y cintas VHS. Básicamente esa ha sido mi formación, nunca he ido a clases como tal, regladas, aunque escuchar un disco de Josele Santiago o Nina Simone es una clase magistral si se me permite el lugar común.

P: ¿Te sientas todos los días a escribir? ¿Tienes algún método para componer?

R: La verdad es que no. Para mí escribir tiene más que ver con sintonizar la radio que con el famoso rollo del folio en blanco. A veces sientes que está cerca y es excitante, a veces solo hay ruido en las ondas, pero hay que tener la antena puesta.

P: ¿Qué canción tuya fue las más difícil de componer/te costó más parir y por qué? ¿Y la más fácil? Cuéntanos la historia.
“Cuando haces este tipo de trabajo nunca sabes si estás avanzando o perdiendo el tiempo, no hay mapa, consiste más en equivocarse que en acertar.”

R: He escrito canciones en diez minutos y ha habido canciones que he tardado años en acabar de dar forma, simplemente porque todavía no era la persona que necesitaba ser para acabar de escribirla o para cantarla. Las canciones tienen sus momentos. Hay canciones que escribes y quedan latentes hasta que unos años después muestran su verdadero significado, en cambio otras se queman rápidamente, por la propia urgencia de su gestación o porque personalmente te mueves hacia otro lugar y no vuelves adonde estaban. Desde luego es una visión muy subjetiva, el público a menudo tiene una opinión diferente.

P: Te atreves con letras complicadas, contando historias con miga que luego tienes que encajar en el ritmo… ¿Revisas mucho las letras? ¿Cómo sabes cuándo una canción ya está acabada?

R: Me gustaría atreverme más, pero hago lo que puedo, que los demás juzguen.
Trato de revisar lo menos posible y que lo primero que escribo se ajuste a lo que quiero decir. Pasa a menudo que corregir e introducir nuevos textos sobre un original puede llevar a una racionalización de la canción alejada de su pretensión inicial, digamos más emocional.
Desde luego hay cientos de maneras de escribir un canción, tantas como personas.
En cuanto a dar por terminada una canción, me parece que las canciones no tienen fin, las canciones son prados, horizontes, las grabaciones, en cambio, son tumbas suntuosas.

P: Tu segundo disco, “Noches alegres, mañanas tristes”, lo grabaste con un elenco de músicos de primera (Josu García, José “Niño” Bruno, Laura Gómez Palma, y más). Un lujo. ¿Qué lecciones musicales (o de otro tipo) te llevas de haber trabajado con ellos?

R: Afortunadamente siempre he grabado y tocado con buenos músicos, músicos generosos, capaces, inspirados e inspiradores, algunos no muy conocidos para el gran publico y otros sí, además de los que mencionas estoy pensando en Martín Laudecina, Rey Rodríguez, Fernando Arroyo, Miltón Machado, Luis Daniel Castellano, Marcelo Briones, Luca Frasca, Begoña Larrañaga, Sol Ruiz, Pato Frank, Santi Erlich, Iñigo Iribarne, Alfonso Alcalá, Patricia Lazaro, Manu Clavijo, Santi Comet, Jochi, y muchos más.
Pero desde luego a todos nos unía la pasión, esa es la enseñanza. Eso nos igualaba más allá de los curriculums o las condiciones del proyecto en particular. Nos tomamos la música muy en serio porque nos causa mucho placer.

P: ¿Cómo suele ser el proceso que pasan tus canciones? ¿Llevas siempre encima un cuaderno o utilizas algún programa de ordenador?

R: Empieza como un p-resentimiento y acaba siendo un MP3 de cuatro minutos. En medio hay infinitos caminos, se tienen que dar claro unos factores mínimos y/o máximos. Las posibilidades del estudio y el software casero le añaden un toque instantáneo de verosimilitud a tu ensoñación, pero lo más importante es, creo, estar atento y no dejarlas pasar, escribir la canción mientras puedas, ya sea en servilleta, en tu cabeza, cantándosela a un amigo, o como sea, y no soltarla, después siempre hay tiempo para una buena criba.

P: ¿Tienes oído absoluto, o relativo como el resto de los mortales?

R: Mortal siempre.

P: ¿Cómo te imaginas la música cuando cantas o tocas? ¿Visualizas la música de alguna manera concreta (visualizas tu instrumento, o una partitura, o…)?

R: Luces, estructuras, texturas, también imágenes huidizas, colores, una presión en el estomago, vértigo…

P: ¿Entrenas el oído? ¿Te parece importante?

R: Por supuesto, pero teniendo en cuenta que el oído es solo una parte más del cerebro.

P: Para terminar, ¿qué consejo de hermano mayor le darías a alguien que está empezando en esto de componer canciones?

R: Copia mucho, pero copia bien.

 

Foto: Diablo.es

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Categories: Noticias, Prensa

1 Comment Added

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  1. Dori 25 diciembre, 2016 | Responder
    ¡qué tío! que pedazo de persona! ideas propias, coherente, íntegra... ¿de donde ha salido toda esa creatividad, todo esa valentía? ¡y qué bien se expresa también con la palabra! Un abrazooooooo

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