NUEVO DISCO “Ríen los dioses” (Calvario música, 2018)

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“El más interesante de la nueva generación.” (Popular 1).

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Producido por David Llosa.

Arreglos: David Llosa, Iñigo Coppel, Cristian Chiloé, Pato Frank, Jairo Martín.

Grabado por Christian Chiloé.

Mezclado por Christian Chiloé y David Llosa.

Masterizado por Denis Blackham.

Diseño y maquetación: David Llosa.

Diseño letras portada: Milton Catillo.

Fotos de Leo Cobo, Christian Chiloé y César Arrieta.

Todas las canciones son originales.

Letra y música compuesta por David Llosa, excepto (5), letra de Oscar Aguado y David llosa y (3), música de David Llosa y Jairo Martín.

Contacto, contratación y prensa: gatoperrock@gmail.com

 

LOS RAÍLES TORCIDOS DE GATOPERRO
Por Oscar Aguado.
Gatoperro es de los que se emborrachan en la cafetería del tren. Y cuando llega
al destino su ángel sale tambaleándose por las puertas giratorias, como si ese
vagón fuera una de sus canciones y desde ahí pudiera fotografiar los árboles
que están de vuelta, como si fuera tan fácil mirar desde la ventana del tren,
con una cerveza caliente entre las manos, y engancharse con un hilo invisible
a todo lo que se va.
Nos saluda con la mano desde su vagón, y todos deseamos estar en ese lugar,
en un constante flashback de un segundo, desayunando chocolate y vino,
despellejando el aire que nos toca.
Un ángel desorientado por sus propios demonios, que encuentra la arena y el
diamante entre los cristales rotos. Llegando al amanecer como quien espera a
un amigo. Guardando al niño en el cajón de las drogas. Amando la ceniza del
cigarro casi más que el propio tabaco.
Gatoperro ha puesto el dedo en la canción, como si tuviera una de esas bolas
del mundo y por puro azar siempre acertara en el viaje. El dedo en la canción
de las venas. En la canción de los gatos y los perros, que por instinto, saben
dónde está la arena y dónde enterrar el hueso.
Oscar Aguado nació la Nochebuena del 77. Es melómano, escritor y poeta y ha publicado
doce poemarios. En 2005 recibió el premio “José Hierro de Poesía

 

Breve historia posible de “Ríen los dioses”
Por David Llosa
Era febrero de 2018 y la cosa no iba bien. Teníamos una banda en forma y un
disco que había salido la primavera anterior, pero no encontrábamos conciertos,
al menos no conciertos bien pagados. Me sentía frustrado y deprimido. Tratando
de averiguar qué hacer, llegué a la conclusión más sencilla; si no podíamos
tocar, grabaríamos un nuevo disco.
Llamé a la banda para hablar de posibles fechas, en esas conversaciones la
última pregunta siempre era la misma; ¿tenía las canciones?
La verdad era que no, pero mentí, lo que sí tenía era una imagen nítida de cómo
debía ser la grabación. Para empezar, grabaríamos en horario diurno en la casaestudio
de nuestro batería Cristian Chiloé, lejos de las noches “para no dormir”
de Madrid. No habría colaboraciones esta vez, ni músicos invitados, ni productor,
ni técnico, ni nadie del sello. Íbamos a estar solos, cinco tíos, en un estudio,
tocando en círculo, mirándose a la cara, cocinando, dando lo mejor que tienen.
Tampoco habría ensayos. Entraríamos en esa casa con las mejores canciones
que pudiera llevar y saldríamos de allí con un disco. Ese era el plan.
Empezamos el 29 de marzo, Jueves Santo, y esa sesión y todas las que vinieron
fueron emocionantes y fraternales. Ese día apenas pude llevar media docena
de canciones terminadas y estábamos todos algo inquietos. Una cosa es que
creas que eres capaz de hacer algo, y otra que lo seas.
La primera canción que grabamos, aquella tarde, es la que abre el disco;
“Ángeles y demonios”. Salió en la primera toma. La descarga que sentí
al escucharla, mientras la grabábamos, me sacudió. Escribir una canción
es algo mágico, muy satisfactorio. Pero ver una canción nacer así, de manera
súbita, casi violenta, frente a ti, es otra cosa. Es como predecir el futuro, como
arrancarte el corazón y comértelo, es sentirte, un poco, como un dios.
Puede que suene exagerado, pero así es a veces. Y así me imagino yo a los
dioses, ahí arriba, aburridos y un poco gordos, creando el mundo al soñarlo.
Tan aburridos, que a veces, solo para reírse, nos dejan mirar a través de sus ojos.
Solo un momento. Nos entregan algo y luego, siempre, nos lo arrebatan.
Lo demás es espera. Nunca sabes cuando los dioses van a llamar,
otra vez, a tu puerta.
Málaga 16/09/18

Categories: Noticias

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